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Viña Aquitania renueva imagen con nuevo ciclo liderado por su segunda generación

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La renovación busca expresar con mayor claridad una identidad construida desde la consistencia, reforzando una marca más reconocible, coherente y cercana a un consumidor contemporáneo. El mayor cambio se observa en la etiqueta de la línea Aquitania —donde ahora destaca la letra “A” de Aquitania— que asume un rol central como puerta de entrada a la marca.

Liderada y administrada por más de tres décadas por sus fundadores —Bruno Prats (Château Cos d’Estournel), Paul Pontallier (Château Margaux) y el enólogo chileno Felipe de Solminihac—, Aquitania inicia este 2026 una nueva etapa bajo la conducción de su segunda generación Eduardo de Solminihac y Florent Prats. Esta nueva etapa además  impulsa un cambio de imagen en sus principales líneas de vinos, en un movimiento que busca expresar con mayor claridad su identidad y proyectar su propuesta hacia un consumidor más contemporáneo, manteniendo la consistencia y calidad que han definido su trayectoria.

Esta evolución responde a la continuidad de un proyecto construido desde la experiencia, en un escenario donde el consumidor exige mayor claridad, relato y conexión.

“Más que cambiar lo que somos, buscamos expresarlo mejor. Queremos una marca más clara, consistente y reconocible, que nos permita conectar con nuevos consumidores sin perder el vínculo con quienes nos han acompañado durante años”, señala Eduardo de Solminihac, Gerente General de Viña Aquitania.

En ese marco, el cambio se expresa con mayor fuerza en la línea Aquitania, que pasa a destacar la letra “A” de Aquitania, reforzando su identidad propia dentro del portafolio. Esta decisión responde a un rol estratégico: ser la puerta de entrada a la marca y el primer contacto con nuevos consumidores, concentrando los valores que definen a Aquitania —equilibrio, elegancia, origen y consistencia— y facilitando su expansión en el canal gastronómico como una línea premium más accesible.

En paralelo, las líneas Lazuli y SOLdeSOL —referentes consolidados dentro y fuera de Chile— evolucionan con ajustes visuales sutiles que actualizan su presentación sin alterar su posicionamiento. Ambas etiquetas han sido consistentemente reconocidas por la crítica especializada, con puntajes entre 95 y 97 puntos en guías como Descorchados, Tim Atkin y La CAV. En el caso de Lazuli y SOLdeSOL Chardonnay, han sido distinguidos en distintas ocasiones como los mejores de su categoría en Chile, consolidando su prestigio como referentes de elegancia y alta calidad en la industria .

El cambio de imagen también responde a una transformación en el consumidor. Las nuevas generaciones privilegian calidad, origen e historia, en un contexto donde se bebe menos, pero se elige mejor. En este escenario, Aquitania refuerza su propuesta: vinos de mínima intervención, elegantes y con una identidad territorial clara .

ORIGEN Y TERRITORIO

La evolución de Aquitania se sostiene en un proyecto vitivinícola definido por dos terroirs que han marcado su trayectoria. En el Valle del Malleco, la viña fue pionera en los inicios de los 90, impulsando el desarrollo vitivinícola en el sur de Chile cuando aún no existía denominación de origen. Su trabajo fue clave en la creación de la D.O. Valle del Malleco en 2002, contribuyendo a posicionar este territorio en el mapa del vino chileno y demostrando el potencial de los vinos de clima frío.

A esta trayectoria se suma Peñalolén, en el Maipo Andes, donde cultiva un viñedo de alta gama en un entorno poco habitual para la vitivinicultura: la ciudad. Un terroir único en la Región Metropolitana, donde la combinación de amplitud térmica, ventilación constante y condiciones del suelo permite producir vinos con frescura, elegancia y un fuerte sentido de origen.

“El viñedo de Peñalolén es único, tanto por su ubicación en un entorno urbano como por las condiciones naturales que permiten una maduración óptima de la uva, logrando vinos con identidad y equilibrio”, explica Felipe de Solminihac, Director Enólogico y socio fundador de la viña.

“Trabajamos con dos terroirs que comparten una misma lógica: vinos con identidad, que no se pueden replicar en otro lugar. Esa singularidad es la base de lo que hacemos”, agrega José Manuel Peralta, enólogo de Viña Aquitania.

En este contexto, es en Peñalolén donde la viña —hoy bajo la conducción de su segunda generación— busca potenciar con mayor fuerza su desarrollo enoturístico, capitalizando su ubicación privilegiada en Santiago. El aumento sostenido de visitas ha consolidado este espacio como un punto de contacto directo con el consumidor, donde es posible conocer el viñedo, comprender el origen de los vinos y acercarse a la propuesta de la marca en un entorno urbano poco habitual para la industria.

Este posicionamiento se complementa con un trabajo sostenido en sustentabilidad, que incluye la certificación orgánica de su viñedo en Peñalolén y prácticas agrícolas orientadas a preservar el equilibrio del ecosistema, reforzando la convicción de la viña de que la calidad del vino está directamente ligada al respeto por su origen. A ello se suma una inversión reciente en el Valle del Malleco, destinada a sistemas de control de heladas y riego, con el objetivo de asegurar continuidad productiva frente a los efectos del cambio climático.

En términos de negocio, la viña busca continuar fortaleciendo su presencia en el mercado nacional —especialmente en los mejores restaurantes de Chile — y consolidado mercados internacionales como Brasil, China y Japón.  Con esta nueva imagen además la viña busca aumentar un 20% su crecimiento este año.

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