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Chasselas del Itata: la uva que el académico Manuel Paneque busca resguardar con Sello de Origen

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También conocida como Corinto o Tempranera, esta variedad se cultiva en el Valle del Itata desde la década de 1850. El proyecto busca obtener su reconocimiento como Indicación Geográfica ante INAPI, paso que permitiría acceder al Sello de Origen y “salvaguardar un patrimonio genético excepcional”.

El Valle del Itata, reconocido como la cuna de la vitivinicultura chilena, está ubicado entre Concepción y Chillán y en él se produce buena parte de las cepas tradicionales con las que se elaboran “vinos patrimoniales”, como son Moscatel de Alejandría, País y Cinsault.

Sin embargo, existe una variedad que destaca por su profunda vinculación con este territorio: la Chasselas, conocida localmente como Corinto o Tempranera, cuya llegada al país se remonta al siglo XIX. La primera referencia documentada corresponde al naturalista francés Claudio Gay, quien en 1841 registró su presencia en el fundo “El Mariscal”, propiedad de Viña Tocornal, en Santiago, mientras que investigaciones realizadas por la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile indican que esta variedad habría sido introducida en el Valle del Itata hacia la década de 1850 por misioneros católicos.

Pese a esta larga trayectoria, la Chasselas ha permanecido durante décadas fuera de los principales relatos de la vitivinicultura nacional. Investigadores, productores y especialistas coinciden en que su valor histórico, cultural y productivo es mucho mayor de lo que tradicionalmente se ha reconocido.

Entre quienes promueven su revalorización se encuentra el académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, Manuel Paneque Corrales, quien lidera el proyecto que busca obtener para la uva Chasselas del Valle del Itata el reconocimiento como Indicación Geográfica ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) y, con ello, acceder al Sello de Origen.

Según explica el profesor Manuel Paneque, “la obtención del Sello de Origen certifica que la uva Chasselas proviene de una delimitación geográfica específica, que comprende principalmente las comunas de Quillón, Ránquil y Florida, y que sus atributos distintivos son el resultado de la interacción indisoluble entre la geografía, el clima y los saberes ancestrales locales que conforman su terroir. La relevancia de este reconocimiento trasciende lo técnico, articulando una estrategia de valorización multidimensional que integra la salvaguarda del patrimonio cultural con el fortalecimiento socioeconómico de los agricultores del territorio”.

Además, señala que “la investigación científico-técnica desarrollada en el marco de este proyecto ha arrojado hallazgos determinantes para la revalorización de la variedad Chasselas, estructurados en tres ejes fundamentales: histórico-patrimonial, agronómico-sensorial y comercial. Los resultados indican que su mayor potencial de mercado se basa en su posicionamiento como uva de mesa. Si bien la producción vinícola de esta cepa también presenta atributos de calidad, se orienta a un nicho altamente especializado y, por su naturaleza, queda fuera del alcance estratégico actual para obtener un Sello de Origen ante el INAPI”.

Pese a su presencia histórica en el Valle del Itata, la Chasselas ha permanecido durante décadas fuera de los principales relatos de la vitivinicultura nacional.

“La variedad Chasselas tiene un inmenso valor histórico y patrimonial para las familias campesinas del Valle del Itata, pero enfrenta una profunda fragilidad económica y una invisibilización sistemática en el mercado vitivinícola. Esta vulnerabilidad ha impulsado procesos de reconversión productiva, en los que los viticultores han optado por intensificar sus sistemas de conducción —por ejemplo, mediante la instalación de espalderas—, reemplazar las vides por frutales de mayor rentabilidad o, en última instancia, abandonar el cultivo. Este fenómeno no es exclusivo de la variedad Chasselas, sino un síntoma de la crisis que atraviesan los viñedos patrimoniales en general, lo que subraya la urgente necesidad de implementar estrategias de salvaguarda y revalorización territorial”, sentencia Paneque.

El éxito de esta iniciativa, señala el académico, “permitiría salvaguardar un patrimonio genético excepcional, dinamizar la economía rural mediante mercados de nicho y posicionar a la Región de Ñuble en el escenario vitivinícola internacional”.

¿Qué es un “viñedo patrimonial”?

El académico Manuel Paneque explica que “si bien no existe una definición formal o legal de ‘viñedo patrimonial’ en Chile, la literatura académica propone una caracterización teórica integral basada en criterios históricos, agronómicos y culturales.

Desde una perspectiva metodológica, estos agroecosistemas se definen por la concurrencia de atributos distintivos: el uso de variedades del paradigma hispano-criollo —tales como País, Torontel, Moscatel de Alejandría o Cinsault—, un régimen hídrico de secano y la persistencia de sistemas de conducción tradicionales, predominantemente en cabeza o gobelet”.

El profesor Uchile, Manuel Paneque, busca obtener para la Uva Chasselas del Valle del Itata un sello de Identificación Geográfica o Sello de Origen.

“En resumen, los viñedos patrimoniales se configuran como agroecosistemas singulares, caracterizados por una profunda persistencia histórica y una estrecha vinculación cultural con su terroir. Su valor no radica en la producción industrial masiva, sino en una vitivinicultura de nicho, artesanal y de bajo volumen, que preserva saberes ancestrales y refuerza la identidad territorial del paisaje cultural chileno”, señala el académico.

El doctor en Ciencias Biológicas añade que “desde una perspectiva agronómica y cultural, la cepa Chasselas reúne todos los atributos necesarios para ser considerada parte del patrimonio vitivinícola nacional, superando su histórica invisibilización en el ámbito local. La evidencia reciente confirma que los cultivos de esta variedad en el Valle del Itata satisfacen los tres criterios fundamentales que definen los viñedos patrimoniales: un régimen hídrico de secano, un sistema de conducción en cabeza o gobelet y su adscripción al paradigma de variedades hispano-criollas. Asimismo, cumple con las dimensiones históricas y socioculturales exigidas, destacándose por su introducción centenaria y la persistencia de prácticas ancestrales profundamente vinculadas al arraigo campesino”.

Por su parte, Raúl Súnico, de la División de Fomento e Industria del Gobierno Regional de Ñuble e integrante del proyecto, reconoce “los viñedos tradicionales del Valle del Itata como un pilar estratégico de desarrollo, valorándolos no solo como una actividad económica importante de nuestro secano, sino también como un elemento fundamental de la identidad regional y del patrimonio cultural, que se manifiesta en labores agrícolas que van desde podas especiales, adaptadas a cada sector y cada cepa, hasta el control de plagas y enfermedades mediante aplicaciones de azufre con diversos implementos, según la tradición familiar”.

“El objetivo principal es proteger esta cepa bajo la política de Sello de Origen administrada por INAPI. Valoramos que, a través de la validación genética, se logre autenticar la variedad y diferenciarla de otras fenotípicamente similares”, agrega Raúl Súnico.

Fuente: Prensa U. de Chile

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