Soy Carla Silva, ingeniera civil química, emprendedora y tea sommelier, especializada en tea blend, fundadora de Tinte Gourmet y directora de la Academia Chilena de Tea Blend.
Llegué al mundo del té desde la ciencia, fascinada por cómo una sola planta puede expresar una enorme diversidad aromática y sensorial.
Hoy me dedico a profesionalizar el mundo del té en Chile, formando emprendedores y desarrollando tea blends inspirados en nuestra biodiversidad, con identidad, historia y un fuerte vínculo con el territorio, trabajando además como speaker y consultora para posicionar a Chile como un referente en tea blend en Latinoamérica.
Pasión y preferencias
¿Qué es lo que más destacas de este oficio?
Lo que más destaco de este oficio es que el té logra unir ciencia, cultura, rituales, historia, cadena de valor y la capacidad de asombro en una sola taza. Es un trabajo que exige rigor —porque trabajamos con un alimento—, pero que al mismo tiempo permite creatividad, narrativa y sensibilidad.

Es, además, un mundo profundamente educativo: mientras más aprendes, más te das cuenta de todo lo que aún no sabes. El té es un universo infinito e interdisciplinario, que no solo enseña cómo preparar una tetera o una taza, sino que resguarda más de 5.000 años de historia cargados de conocimiento valioso en estudios científicos, estrategias, innovación, espiritualidad, gastronomía y formas de entender el mundo.
¿Cuál es tu té favorito y por qué?
Es una pregunta sencilla, pero muy difícil de responder. La verdad es que no tengo un té favorito: hay muchos, y cada vez que conozco uno nuevo vuelvo a asombrarme. Esa capacidad de asombro es lo que más disfruto, porque me permite comprender la enorme diversidad de perfiles sensoriales que pueden existir a partir de una sola planta.
Más que un té específico, tengo un especial cariño por la categoría de los tés semi oxidados. Es un abanico infinito que va desde los tés de roca hasta aquellos de baja oxidación como el Tie Kuan Yin, con una profundidad y complejidad que siempre invita a seguir explorando. En particular, los tés añejados me fascinan, porque el paso del tiempo transforma por completo su perfil sensorial; es maravilloso descubrir cómo un té recién cosechado evoluciona y se reescribe con los años.
¿Cuál es el tipo de té que más prefieres?
Más que un tipo de té específico, disfruto profundamente aquellos tés que se viven a la chilena: Té en hojas con cedrón, canela, hierba luisa o peumo; los que se comparten al atardecer, en una minga, al lado de una fogata o en una mesa sencilla, sin tanto glamour. Son tés que se saborean con tiempo, en compañía, donde lo importante no es la técnica perfecta, sino el encuentro.

Esos momentos le dan sentido al té: lo vuelven cercano, humano y cotidiano. Para mí, ahí el té cumple su verdadero rol, el de reunir, acompañar y contar historias, muy en sintonía con nuestra forma de vivir y compartir en Chile.
Experiencias memorables
¿Cuál ha sido tu mejor maridaje de té con comida?
Prefiero, en general, el maridaje del té con preparaciones dulces más que con platos salados, aunque reconozco que hay excepciones memorables. Por ejemplo, los tés verdes japoneses con un sashimi de salmón funcionan de manera espectacular: la frescura, el umami y la limpieza en boca se potencian mutuamente.
Recuerdo con especial cariño un taller de maridaje de té con dulces chilenos, donde descubrí una combinación que me encantó: un té negro de perfil assámico —conocido en Oriente como té rojo— acompañado de camote. La intensidad, el cuerpo y las notas maltosas del té armonizaban de forma sorprendente con la dulzura y textura del tubérculo.

Soy bastante sibarita y poco tradicional al momento de elegir; me gusta probar, explorar y romper esquemas. Hoy el matcha está muy en tendencia y, hace un tiempo, en uno de mis cursos preparamos helado de matcha utilizando distintas calidades, para que los alumnos pudieran percibir las diferencias. El resultado fue delicioso y, sobre todo, revelador: fue asombroso comprobar cómo algo que solemos llamar simplemente “matcha” puede expresar perfiles tan distintos según su origen y calidad.
¿Cuál ha sido tu peor experiencia o anécdota en el mundo del té?
Más que una anécdota puntual, lo más complejo para mí ha sido ver cómo se banaliza el mundo del té: conceptos mal utilizados, mezclas sin criterio y discursos llenos de promesas que no tienen respaldo técnico ni científico. Vengo del mundo de la ingeniería, por lo que esa liviandad siempre me ha incomodado profundamente. Sin embargo, esa incomodidad se transformó en motor: fue justamente lo que me llevó a crear espacios de educación, profesionalización y respeto por la hoja. Convertí la frustración en propósito, y hoy es parte central de lo que enseño.
Recuerdo también una experiencia muy personal de mis inicios como estudiante. En ese momento, mi lenguaje sensorial se limitaba a describir los sabores básicos: dulce, amargo, umami, salado y ácido. En una clase de tea sommelier me atreví a describir un perfil aromático, y antes de terminar la frase me interrumpieron con un “no, eso no se siente”. Esa respuesta fue frustrante, especialmente para alguien que recién comenzaba a construir su vocabulario sensorial.

Con el conocimiento que tengo hoy, entiendo que el té no posee un perfil aromático rígido. De hecho, según estudios científicos, se han identificado más de 600 compuestos aromáticos volátiles en el té. Lo que yo percibí en ese momento pudo haber sido absolutamente válido; simplemente el profesor no lo reconocía, no lo tenía en su memoria olfativa o no lo estaba percibiendo en ese instante.
Respuestas tan tajantes y estructuradas, en un mundo tan sensorial, dinámico y cambiante minuto a minuto como el té, pueden ser devastadoras para un principiante. Esa experiencia marcó mi forma de enseñar: hoy promuevo una educación más abierta, respetuosa y consciente de que el té se vive, se siente y se interpreta desde la experiencia individual, sin perder el rigor técnico.
Innovación y recomendaciones
¿Cuál es la elaboración de té más excéntrica que conoces o has probado?
He tenido la oportunidad de probar tés muy diversos y profundamente distintos entre sí. Desde matchas coreanos, con perfiles sensoriales alejados del canon japonés, hasta Oriental Beauty premiados en competencias en Taiwán, que expresan una complejidad aromática excepcional. También he probado tés con perfiles poco comunes, incluso con notas sulfúricas que recuerdan al huevo, experiencias que desafían los límites de lo que entendemos por “agrado” y nos obligan a educar el paladar.

Me siento especialmente orgullosa del té verde chileno, aún poco conocido, pero único: Chile posee la plantación de té más austral del mundo, un hito que habla de resiliencia, adaptación y potencial. He probado además tés peruanos de terroir maravilloso; sus tés negros, en especial los del Padre Miguel, con notas a cacao, son excepcionales. Tés de Bolivia o Brasil también son un verdadero lujo.
Latinoamérica es un edén aún poco explorado en el mundo del té: diverso, sorprendente y lleno de identidad. Cada origen confirma que el té no pertenece a un solo país ni a una sola tradición, sino a quienes saben observar, respetar y expresar su territorio en la taza.
¿Qué lugar destacas por su forma única de preparar té?
Próximamente, se abrirá una Tea House Casa del Mar, en La Serena, en la cual hemos sido parte activa de todo el proceso, desde la creación de la carta de tés en caliente hasta el desarrollo de mocktails de autor en base a té. Es una propuesta robusta y muy bien pensada, que se inspira en las teterías europeas, pero que logra algo fundamental: darle identidad nacional.
El proyecto rescata dulces, pastelería y preparaciones tradicionales que se estaban perdiendo, incorpora accesorios cuidadosamente seleccionados y, además, hace partícipe al cliente en la preparación de su propio té, transformando el servicio en una experiencia consciente y educativa.


Este tipo de espacios promete mucho y ojalá inspire a muchas otras teterías a atreverse a poner identidad chilena en sus propuestas. Chile no solo consume té: Chile transforma, crea y mezcla. Somos un país con una de las mayores biodiversidades endémicas en flores, frutas y hierbas, y eso nos convierte en un actor único y con enorme potencial para posicionarnos como un referente mundial en tea blend.
¿Qué tetería recomiendas en Chile?
Más que recomendar una sola tetería, me gusta destacar a los emprendimientos que trabajan con respeto por la hoja, el origen y el conocimiento. En Chile existen proyectos muy valiosos que se esfuerzan por traer tés de origen de calidad y por ofrecer una experiencia honesta y educativa, ya sea desde teterías, restaurantes o cafeterías que han incorporado el té en hojas dentro de su propuesta.
Aún nos falta mucho por mejorar en el servicio del té. Hoy gran parte del foco está puesto en la experiencia del café, cuando el té es nuestra bebida nacional y Chile es el principal consumidor de té en Latinoamérica. Valorar el té implica elevar su servicio y comprenderlo también como un activo cultural, social, turístico y económico. En ese sentido, los locales que ya trabajan con té en hojas están un paso adelante; y aquellos que además se preocupan de la calidad y del servicio están enalteciendo la experiencia del té y contribuyendo a que Chile sea reconocido como un país que valora y entiende su cultura del té.
¿A quién admiras en el mundo del té y por qué?
Admiro a muchas personas, comenzando por quienes se atreven a emprender en el mundo del té con seriedad y visión de largo plazo. Especialmente, valoro a quienes deciden formarse y profesionalizarse, como quienes pasan por nuestros cursos de tea blend, porque eso demuestra un compromiso real con hacer las cosas bien, con profundidad y con proyección. Este rubro es un océano rojo, altamente competitivo, y destacarse requiere esfuerzo, conocimiento y constancia.
En lo personal, admiro a Antonella, fundadora de Hour of Tea, una mujer emprendedora y madre de dos niños, que ha logrado sacar adelante su proyecto con mucha dedicación. También respeto profundamente el trabajo de Daniela Campillay, fundadora de Enfusiónate, quien hoy está en el retail y exportando, demostrando que desde Chile sí se puede llegar más lejos, inspirando a otras marcas a creer en su potencial.

Admiro a Herminia Gatica, una gran amiga, que desde su tienda en el Persa Biobío ha crecido de manera silenciosa, pero muy sólida, mostrándonos que existe mercado en Chile y que el té puede conectar con las personas desde lo cotidiano. Destaco también a Claudia Acevedo, fundadora de Yanapay, bióloga y gran conocedora del té, de quien aprendo constantemente por su rigurosidad y profundidad técnica.
Y no puedo dejar de mencionar a Patricio Hurtado, quien ha escrito parte de la historia del té en Chile. Fue pionero cuando casi nadie hablaba de esta bebida ni de su magnitud cultural, y hoy sigue demostrando que con esfuerzo, perseverancia y convicción, los proyectos sí pueden sostenerse en el tiempo.
Visión profesional y futuro
¿Cómo ves el mundo de los tea sommeliers en Chile actualmente?
Está en una etapa de crecimiento, pero aún muy incipiente. Existe interés y curiosidad, pero falta una base formativa sólida y transversal. Hoy el té todavía no está integrado en la educación gastronómica como debiera: no como un taller complementario, sino como un curso formal, al mismo nivel que el vino, para que los futuros chefs, sommeliers y profesionales de la hospitalidad salgan preparados y con criterio.

También es clave incorporar al mundo gastronómico —chefs, equipos de sala, encargados del servicio de té en hoteles y restaurantes— entendiendo que el té no es una complicación operativa, sino una oportunidad. Más que enfocarse en accesorios, tiempos o supuesta mayor mano de obra, es necesario mirar el té desde la experiencia, el valor que aporta a la mesa y su enorme potencial cultural, sensorial y económico.
¿Cuál es tu próximo paso profesional?
Mi próximo paso profesional está enfocado en seguir consolidando la Academia Chilena de Tea Blend y, en paralelo, abrir un diálogo activo con escuelas gastronómicas, instituciones formativas y el mundo de la hospitalidad, para integrar el té de manera formal en sus programas de estudio.
El objetivo es claro: que el té deje de ser un elemento secundario y pase a ocupar el lugar que merece dentro de la formación profesional.
Además, continuaré desarrollando tea blends con identidad chilena, junto con espacios de educación, asesoría y charlas que conecten el té con la gastronomía, la cultura y el emprendimiento, elevando el estándar del servicio y la comprensión del té en Chile.
¿Realizas cursos, talleres o asesorías? ¿Cómo pueden contactarte?
Sí. Desde la Academia Chilena de Tea Blend realizo cursos, talleres, asesorías y charlas, tanto para emprendedores como para instituciones, marcas, hoteles y restaurantes.

La academia no solo forma y profesionaliza: tiene una misión país. Buscamos que más actores se sumen a esta cruzada y que el té sea valorado por su dimensión cultural, patrimonial, turística, innovadora y sustentable, dejando atrás la mirada de commodity.
Chile tiene hitos únicos:
- La plantación de té más austral del mundo
- Somos el mayor consumidor de té en Latinoamérica
- Tenemos un ritual extraordinario como la once chilena, con un enorme valor turístico y de bienestar
- Somos creadores de tea blends con identidad propia, únicos y llenos de sabores que pueden conquistar al mundo
Chile es riqueza pura en torno al té. El potencial es enorme; solo necesitamos aprender a visualizar, valorar y activar esas oportunidades.
¿Quieres saber más?
Puedes contactar a Carla a través de estos canales.
Sitio web: www.academiateablend.cl
Instagram: @academia_chilena_de_tea_blend
Mail: [email protected]
Whatssapp: +56 9 91513833
Por: Caro Aliaga M.
Imágenes: Cedidas.






